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Nadie
puede desconocer que los múltiples estudios llevados adelante por
los biólogos, ecólogos y estudiosos de la biodiversidad,
a lo largo y ancho del planeta, están poniendo de manifiesto que:
"La pérdida de los bosques nativos del planeta representa
el peor error que ha cometido la raza humana en su entera historia".
Ya nadie debería discutir el hecho que los bosques nativos son
ecosistemas que deben ser descritos y evaluados como: "Una colección
completa de la vida que contienen".
Y es por eso mismo que hay una necesidad urgente de re-evaluar los bosques
y las políticas forestales que ha adoptado la humanidad, a medida
que se siguen descubriendo los múltiples beneficios que acarrean
para todos los seres que habitamos en el Planeta Tierra.
Lamentablemente, el punto crucial que nos indica haber superado holgadamente
la capacidad de restauración natural de los bosques, lo encontramos
en las frías estadísticas que nos apabullan: el Planeta
perdió ya el 60% de su cobertura vegetal en los últimos
200 años... proceso que se aceleró brutalmente desde el
advenimiento de la era industrial "moderna" (la Argentina perdió
el 74% de sus bosques nativos en los últimos 100 años),
y tomó ribetes de suicidio colectivo a partir de 1950... actualmente,
sólo un cuarto del total inicial, aun conserva un manto de ecosistemas
relativamente intactos.
El resto consiste en zonas desérticas, agrícola- ganaderas
o madereras (comerciales y de reforestación fragmentaria) biológicamente
degradadas.
Para nosotros, que vivimos muy de cerca la temática forestal, es
obvio que las palabras clave para comenzar a hablar de un "manejo
forestal" de un bosque nativo, deberían ser "ecología"
y "biodiversidad". Vale a decir: una toma de conciencia sobre
la interconexión de las especies, lugares, climas, condiciones
del suelo y sus microorganismos, el agua, la topografía, los factores
estresantes y la diversidad biológica de quienes cohabitan dentro
de ese sistema extremadamente frágil y complejo.
Además no podemos olvidar por un solo momento que la "producción
natural" de un bosque redunda en una gran cantidad de beneficios
y valores ambientales que nada tiene que ver con la madera.
Por eso insistimos en recalcar que: el primer objetivo de un supuesto
"manejo forestal" tiene que ser la sustentabilidad del ecosistema
que llamamos "bosque nativo", por sus propios medios.
Este concepto se conoce también como "ética planetaria",
y a pesar de no ser un descubrimiento de nuestros días (todas las
culturas aborígenes primitivas han aplicado este concepto durante
milenios para garantizarse el recurso sin atentar contra su propia subsistencia),
sigue siendo un concepto que, tanto los ingenieros forestales de la vieja
guardia, como los políticos ambiciosos del poder a corto plazo,
han obviado de sus ámbitos de discusión por miedo a pisarle
los callos a las corporaciones madereras internacionales y a los empresarios
forestales locales que de alguna forma les dan de comer.
Si no ¿cómo habríamos podido olvidarnos, en sólo
un par de siglos, el hecho que los bosques nativos son una comunidad heterogénea,
vibrante y altamente desarrollada, diseñada para cumplir una infinidad
de funciones que van mucho más allá del hecho de proveernos
madera? o que: "el tipo" de bosque, la pendiente, los aspectos
de su historia natural, edades e interconexiones entre las especies, son
solo algunas de las variables que distinguen a un bosque de una plantación
comercial.
En consecuencia, si vamos a hablar de una silvicultura bien pensada, debemos
adoptar un principio básico: imitar a la Naturaleza en una escala
de tiempo diferente...
Esa sería la única manera para justificar la utilización
del término "manejo sustentable" cuando se habla de "la
piel del planeta"...
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