La Gran Diferencia entre "precio" y "valor"

por Lucas Chiappe



A través de todos estos años lo hemos dicho una y mil veces y lo seguiremos repitiendo a todo el que esté dispuesto a escucharlo : “-Un bosque no es un conjunto de árboles de una sola especie plantados en fila como si fuera un patético escuadrón de soldaditos.... Un bosque es un fantástico ecosistema compuesto por una multitud de seres que conviven en total interdependencia y que cumplen una compleja lista de funciones para que este fragil y complejo hábitat pueda nacer, vivir, morir y renovarse a perpetuidad... sin ninguna necesidad de intervención humana”.

Para sintetizar el concepto:
“UNA PLANTACION DE PINOS
NO ES UN BOSQUE”..

Sino un emprendimiento comercial que se inicia con una forestación de árboles exóticos de rápido crecimiento (especies originarias del Hemisferio Norte), que se adaptan a estas
latitudes y condiciones climatológicas, pero que siguen siendo ajenas a estas bioregiones por lo cual no albergan especies de fauna, no encuentran en el suelo los descomponedores que en su hábitat original se ocupan de reciclar sus propios deshechos y mantener la fertilidad del suelo, y producen una acelerada desaparición de todo el sotobosque con su microfauna y flora asociada.
Obviamente no se trata de “detalles menores’ como están tratando desde siempre de hacernos creer “los dueños del negocio”, dado que esas son algunas de las razones que transforman estos monocultivos en una plaga que amenaza la propia subsistencia de nuestros bosques nativos...
Y si no lo creen así, les sugiero que crucen la cordillera y contemplen con sus propios ojos la magnitud del desastre forestal chileno y su acelerada pérdida de biodiversidad a media que las plantaciones van sustituyendo a los bosques milenarios.

“Hartos de la Historia Oficial”
A quienes venimos bregando desde hace tantos años por la conservación de ese singular patrimonio llamado “bosques sub-antárticos” ó “bosques templados” (un escaso 0,80% de todos los bosques del planeta Tierra), nos resulta facil comprender las escasas ventajas que ha brindado a la comunidad este casi 1/2 siglo de insistencia por parte de las sucesivas Direcciones de Bosques en inducir y obligar a los pobladores cordilleranos a reforestar con especies exóticas... Sin embargo nos es aún más sencillo darnos cuenta de los enormes peligros que esto implica para la biodiversidad Patagónica y los nefastos resultados que ha tenido en todo el mundo este plan corporativo que sólo pretende obtener materia prima de bajísimo costo en desmedro de la enorme riqueza nativa pre-existente. Trataré de explicarlo de una manera muy sencilla para que se entienda el punto: Nuestra cordillera patagónica estuvo cubierta por una densa masa de bosque nativo que hasta hace un siglo o poco más llegaba desde el sur de la Provincia de Mendoza hasta la Isla de los Estados. Una franja de centenarse de Kms de largo que sin embargo encuentra su límite hacia el Este a escasos 50-70 kms de la frontera con Chile. Este territorio boscoso que representa sólo el 2% del territorio de nuestro país, fué “descubierto” por el hombre blanco hace varios siglos atrás... Sin embargo fue sólo después de los genocidios llevados adelante por las sucesivas “campañas al desierto” en contra de los antiguos habitantes de esta región, que los “colonos-wuinkas” se declararon los dueños de esa enorme riqueza forestal y comenzaron a “sobre-explotarla” para la producción de leña y madera y aún peor a considerarla, un “obstáculo” para sus planes de expansión ganadera y agrícola y a “echarle fuego”: “- Antes aquí no había nada de nada... puro bosque había...” comentaba un poblador rural en el Canal 7 de Rawson, hablando hace unos días de los campos “ganados al bosque”...
Y de esta forma se le dió continuidad a lo largo del siglo XX a la guerra de exterminio en contra de todos los antiguos seres nativos de la Patagonia. El resultado está a la vista: Exceptuando los territorios de las Areas Naturales Protegidas, lo que se puede apreciar a simple vista recorriendo los bosques cordilleranos es un panorama desolador que resalta de una manera muy cruda nuestra indiferencia como nación para apreciar y valorizar la enorme riqueza natural de estas tierras... Situación a la que se le aunó desde muy temprano otra de las caras oscuras de nuestra cultura sintetizada en la memorias de los primeros pobladores de Bariloche: “-...Ya que la mayoría de los árboles de esta región están torcidos y podridos, vamos a ir reemplazandolos con especies de nuestros paises de origen y de esa forma vamos a aumentar la producción y el turismo, ya que los paisajes se verán más parecidos a la bella Suiza, a Canadá y a Norteamérica...” (sic). Y siguiendo esa línea de pensamientos recurrente en nuestra sociedad inoculada de primer-mundismo, desde los años ’50 se lanzó en el país una renovada “conquista industrial”, apuntando a desarrollar materia prima para la eventual producción de celulosa para papel. Su directa consecuencia fue la tala rasa masiva de grandes extensiones de bosques autóctonos y su gradual reemplazo por extensos monocultivos comerciales. Claro que algunos de los detalles que le fallaron al “plan” fué que la madera de los pinos Insigne y Murrayana, justamente debido a su crecimiento vertiginoso, es de bajísima calidad, y que, afortunadamente, no hubo radicación de ninguna planta papelera en la región (una de las industrias más contaminantes del planeta).
Sin embargo, nuestra brillante clase político-empresarial no se dió por vencida, y en cambio de admitir públicamente los errores garrafales que tuvo esta “política forestal” dirigida hacia el exterminio de los nativo y su sucesivo reemplazo por especies exóticas de escaso valor comercial, finalmente le encontraron la vuelta al negocio y en la actualidad, desde las más altas esferas del poder se vuelve a arremeter con la base de la idea, pero agregandole un par de condimentos para que la ecuación financiera “termine de cerrar”. Desde hace varios años atrás no sólo se fomenta esta aberración silvícola sino que además se premia a los industriales que “invierten” su dinero por el término de 1-2 años devolviendole el costo que tuvo esa plantación y además eximiendolos de impuestos (aforos). En sintesis si usted llega a ser un empresario argentino o una multinacional
con ganas de “invertir” en la Argentina, nuestro generoso Gobierno Nacional le va a devolver toda la plata que usted “gaste” el primer año a costa nuestra (vale a decir a través de un “prestamo” que el Estado le pide al Banco Mundial o al FMI aumentando inmediatamente “nuestra” deuda externa), y luego le regalamos todos los beneficios económicos del negocio a usted y por supuesto nos quedaremos con todos los problemas ecológicos que puedan surgir de esta invasión verde. Y en cuanto se implemente esa aberración internacional llamada “flexibilización” del Protocolo de Kyoto (impulsada
por los mismos lobbies corporativos que dictan la política de la OMC) además usted va a poder cobrar los famosos bonos verdes por la aún incalculable retención de cárbono por parte de sus pinitos... ¿Qué tal? Eso sí lo más importante para que este negocio siga funcionando sin que la opinión pública lo cuestione, es que la gente termine confundiendo negocio con ecología... O sea que la campaña publicitaria debe remarcar las ventajas de: “-... este encomiable emprendimiento por parte de las empresas que invierten en el país, para paliar el cambio climatológico” (!).... Y de paso, aprovechar nuestra vergonzosa “ignorancia nacional” para que nadie alcance a comprender la diferencia entre el enorme valor de lo nativo y el absurdo precio de lo exótico....
Y, lamentablemente si lo logran... así nos seguirá yendo como país.



Asociación Lihuén-Antu, “Proyecto Lemu”.
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