| A
través de todos estos años lo hemos dicho una y mil veces
y lo seguiremos repitiendo a todo el que esté dispuesto a escucharlo
: “-Un bosque no es un conjunto de árboles de una sola especie
plantados en fila como si fuera un patético escuadrón de
soldaditos.... Un bosque es un fantástico ecosistema compuesto
por una multitud de seres que conviven en total interdependencia y que
cumplen una compleja lista de funciones para que este fragil y complejo
hábitat pueda nacer, vivir, morir y renovarse a perpetuidad...
sin ninguna necesidad de intervención humana”.
Para
sintetizar el concepto:
“UNA PLANTACION DE PINOS
NO ES UN BOSQUE”..
Sino
un emprendimiento comercial que se inicia con una forestación de
árboles exóticos de rápido crecimiento (especies
originarias del Hemisferio Norte), que se adaptan a estas
latitudes y condiciones climatológicas, pero que siguen siendo
ajenas a estas bioregiones por lo cual no albergan especies de fauna,
no encuentran en el suelo los descomponedores que en su hábitat
original se ocupan de reciclar sus propios deshechos y mantener la fertilidad
del suelo, y producen una acelerada desaparición de todo el sotobosque
con su microfauna y flora asociada.
Obviamente no se trata de “detalles menores’ como están
tratando desde siempre de hacernos creer “los dueños del
negocio”, dado que esas son algunas de las razones que transforman
estos monocultivos en una plaga que amenaza la propia subsistencia de
nuestros bosques nativos...
Y si no lo creen así, les sugiero que crucen la cordillera y contemplen
con sus propios ojos la magnitud del desastre forestal chileno y su acelerada
pérdida de biodiversidad a media que las plantaciones van sustituyendo
a los bosques milenarios.
“Hartos
de la Historia Oficial”
A quienes venimos bregando desde hace tantos años por la conservación
de ese singular patrimonio llamado “bosques sub-antárticos”
ó “bosques templados” (un escaso 0,80% de todos los
bosques del planeta Tierra), nos resulta facil comprender las escasas
ventajas que ha brindado a la comunidad este casi 1/2 siglo de insistencia
por parte de las sucesivas Direcciones de Bosques en inducir y obligar
a los pobladores cordilleranos a reforestar con especies exóticas...
Sin embargo nos es aún más sencillo darnos cuenta de los
enormes peligros que esto implica para la biodiversidad Patagónica
y los nefastos resultados que ha tenido en todo el mundo este plan corporativo
que sólo pretende obtener materia prima de bajísimo costo
en desmedro de la enorme riqueza nativa pre-existente. Trataré
de explicarlo de una manera muy sencilla para que se entienda el punto:
Nuestra cordillera patagónica estuvo cubierta por una densa masa
de bosque nativo que hasta hace un siglo o poco más llegaba desde
el sur de la Provincia de Mendoza hasta la Isla de los Estados. Una franja
de centenarse de Kms de largo que sin embargo encuentra su límite
hacia el Este a escasos 50-70 kms de la frontera con Chile. Este territorio
boscoso que representa sólo el 2% del territorio de nuestro país,
fué “descubierto” por el hombre blanco hace varios
siglos atrás... Sin embargo fue sólo después de los
genocidios llevados adelante por las sucesivas “campañas
al desierto” en contra de los antiguos habitantes de esta región,
que los “colonos-wuinkas” se declararon los dueños
de esa enorme riqueza forestal y comenzaron a “sobre-explotarla”
para la producción de leña y madera y aún peor a
considerarla, un “obstáculo” para sus planes de expansión
ganadera y agrícola y a “echarle fuego”: “- Antes
aquí no había nada de nada... puro bosque había...”
comentaba un poblador rural en el Canal 7 de Rawson, hablando hace unos
días de los campos “ganados al bosque”...
Y de esta forma se le dió continuidad a lo largo del siglo XX a
la guerra de exterminio en contra de todos los antiguos seres nativos
de la Patagonia. El resultado está a la vista: Exceptuando los
territorios de las Areas Naturales Protegidas, lo que se puede apreciar
a simple vista recorriendo los bosques cordilleranos es un panorama desolador
que resalta de una manera muy cruda nuestra indiferencia como nación
para apreciar y valorizar la enorme riqueza natural de estas tierras...
Situación a la que se le aunó desde muy temprano otra de
las caras oscuras de nuestra cultura sintetizada en la memorias de los
primeros pobladores de Bariloche: “-...Ya que la mayoría
de los árboles de esta región están torcidos y podridos,
vamos a ir reemplazandolos con especies de nuestros paises de origen y
de esa forma vamos a aumentar la producción y el turismo, ya que
los paisajes se verán más parecidos a la bella Suiza, a
Canadá y a Norteamérica...” (sic). Y siguiendo esa
línea de pensamientos recurrente en nuestra sociedad inoculada
de primer-mundismo, desde los años ’50 se lanzó en
el país una renovada “conquista industrial”, apuntando
a desarrollar materia prima para la eventual producción de celulosa
para papel. Su directa consecuencia fue la tala rasa masiva de grandes
extensiones de bosques autóctonos y su gradual reemplazo por extensos
monocultivos comerciales. Claro que algunos de los detalles que le fallaron
al “plan” fué que la madera de los pinos Insigne y
Murrayana, justamente debido a su crecimiento vertiginoso, es de bajísima
calidad, y que, afortunadamente, no hubo radicación de ninguna
planta papelera en la región (una de las industrias más
contaminantes del planeta).
Sin embargo, nuestra brillante clase político-empresarial no se
dió por vencida, y en cambio de admitir públicamente los
errores garrafales que tuvo esta “política forestal”
dirigida hacia el exterminio de los nativo y su sucesivo reemplazo por
especies exóticas de escaso valor comercial, finalmente le encontraron
la vuelta al negocio y en la actualidad, desde las más altas esferas
del poder se vuelve a arremeter con la base de la idea, pero agregandole
un par de condimentos para que la ecuación financiera “termine
de cerrar”. Desde hace varios años atrás no sólo
se fomenta esta aberración silvícola sino que además
se premia a los industriales que “invierten” su dinero por
el término de 1-2 años devolviendole el costo que tuvo esa
plantación y además eximiendolos de impuestos (aforos).
En sintesis si usted llega a ser un empresario argentino o una multinacional
con ganas de “invertir” en la Argentina, nuestro generoso
Gobierno Nacional le va a devolver toda la plata que usted “gaste”
el primer año a costa nuestra (vale a decir a través de
un “prestamo” que el Estado le pide al Banco Mundial o al
FMI aumentando inmediatamente “nuestra” deuda externa), y
luego le regalamos todos los beneficios económicos del negocio
a usted y por supuesto nos quedaremos con todos los problemas ecológicos
que puedan surgir de esta invasión verde. Y en cuanto se implemente
esa aberración internacional llamada “flexibilización”
del Protocolo de Kyoto (impulsada
por los mismos lobbies corporativos que dictan la política de la
OMC) además usted va a poder cobrar los famosos bonos verdes por
la aún incalculable retención de cárbono por parte
de sus pinitos... ¿Qué tal? Eso sí lo más
importante para que este negocio siga funcionando sin que la opinión
pública lo cuestione, es que la gente termine confundiendo negocio
con ecología... O sea que la campaña publicitaria debe remarcar
las ventajas de: “-... este encomiable emprendimiento por parte
de las empresas que invierten en el país, para paliar el cambio
climatológico” (!).... Y de paso, aprovechar nuestra vergonzosa
“ignorancia nacional” para que nadie alcance a comprender
la diferencia entre el enorme valor de lo nativo y el absurdo precio de
lo exótico....
Y, lamentablemente si lo logran... así nos seguirá yendo
como país.
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