| Que
te quede claro: los pinos que ves plantados en fila a través de
la ventanilla del auto cuando comenzás a internarte en el ecosistema
andino-patagónico no son bosques. Son plantaciones o reforestaciones
industriales de árboles exóticos que reemplazaron los bosques
nativos propios de esta biorregión.
Estas reforestaciones, fomentadas y financiadas con el dinero público
que maneja el Estado, han ido reemplazando gradualmente la compleja y
heterogénea vida que se crea y se interrelaciona directa o indirectamente
en un bosque, por un monocultivo de una sola especie importada de América
del Norte y para el beneficio exclusivo de la industria maderera (beneficio
dudoso dado que la madera de pino es de muy baja calidad) o de la industria
del papel (beneficio utópico en la región dado que, afortunadamente,
no existen plantas elaboradoras de celulosa en la Patagonia).
Los ecologistas de todo el mundo han criticado el reemplazo de los bosques
nativos por plantaciones de rápido crecimiento por varias razones:
1) Debido a la ausencia de una rica biodiversidad, todo monocultivo es
más susceptible a cualquier tipo de influencia externa natural
como suelen ser, los vientos, los incendios, los insectos o las enfermedades.
2) También suelen ser más susceptibles a cambios globales
sean estos climatológicos o de agentes contaminantes como la lluvia
ácida industrial.
Como ejemplo imaginemos la diferencia de la velocidad que puede alcanzar
un incendio forestal dentro de un bosque antiguo, con árboles de
porte y edades heterogéneas y con un dosel naturalmente discontinuo,
en contraposición con la rapidez con la que avanza sobre un suelo
denso de "pinocha" o vuela de copa en copa y alimentándose
de la resina hiper combustible de los pinos en cualquier reforestación
de la región.
Por otra parte, la población de insectos se incrementa dramáticamente
en los monocultivos simplemente porque allí están muy bien
alimentados.
En contraste, los insectos que se mueven a través de un bosque
nativo, debe enfrentar una cantidad de impredecibles como son los predadores
naturales que se alimentan de ellos en la cadena biológica propia
de cualquier ecosistema equilibrado o la falta de alimento debido al espacio
natural que existe entre las diferentes especies de árboles que
pueblan un bosque nativo.
Otro lamentable ejemplo del porque a estas plantaciones se las conoce
en el norte como "los bosques del silencio", la encontramos
observando la falta de aves que aniden en estos árboles o mirando
detenidamente la falta de "sotobosque" que obviamente se ve
imposibilitado de crecer en el suelo acidificado por la "pinocha"
de cualquier plantación de pino (además de la pincoha, varias
especies de pino producen un líquido sumamente ácido en
la punta de las raíces, que les permite "penetrar y amarrarse"
en terrenos rocosos).
En definitiva no te dejes engañar por las apariencias: no todos
los árboles que crecen en nuestra biorregión son autóctonos,
o sea "nativos", y por más que signifiquen eventualmente
"madera", estos verdaderos "invasores" traídos
de la mano de algún "genio" político o economista,
son extremadamente dañinos para el ecosistema cordillerano y contribuyen
a subvertir un equilibrio natural producto de millones de años
de evolución del bosque andino-patagónico.
Acabamos de despedir al siglo de la "Deforestación masiva",
y demosle la bienvenida al siglo de su "Restauración Ecológica"
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