Entre
muchos argumentos absurdos, los que abogan por la globalización
económica alegan que, en el largo plazo, ésta aumenta
la protección ambiental. Su teoría consiste en que
a medida que los países se globalizan, a menudo explotando
recursos como bosques, minerales, petróleo, carbón,
peces, vida silvestre y agua, su mayor riqueza les permitirá
salvar más porciones de naturaleza de posibles estragos,
y además les permitirá introducir elementos técnicos
para mitigar los impactos ambientales negativos derivados de su
propia producción aumentada. Sin embargo, existen fuertes
evidencias de que cuando los países aumentan sus aparentes
ganancias dentro de una economía global, la mayor parte
de ellas va a las corporaciones globales, que tienen pocos incentivos
para volver sus beneficios hacia la protección ambiental.
En vez de hacerlo, arrastran al país a una explotación
aún mayor, o simplemente se guardan el dinero y escapan
rápidamente del país. Tal es la conducta corporativa
normal dentro de una economía global. Aquí en EEUU,
el país más rico del mundo, nuestro presidente promueve
abiertamente la idea de la globalización como "una
ayuda a la naturaleza", al mismo tiempo que aboga por más
perforaciones petroleras, más tala de bosques, más
veneno en los ríos, y proclama una oposición tajante
a cualquier medida que ayude a controlar el cambio de clima, la
última expresión de globalización. La idea
de la globalización como una suerte de estrategia ambiental
es totalmente ridícula. Pero el asunto es aún más
serio de lo que parece a primera vista. De hecho, la propia globalización
económica - las mismas ideologías y estructuras
que la dirigen - se opone intrínsecamente a la supervivencia
de la naturaleza. Ni los acuerdos ambientales laterales, ni los
controles de contaminación, ni las tecno-soluciones podrán
mitigar los daños inherentes a una economía globalizada,
con sus modelos de producción orientados hacia las exportaciones;
los problemas están integrados dentro del diseño.
Si hemos de proseguir este experimento global, vamos a obtener
algunos resultados predecibles ... e inevitables. Son intrínsecos
a la forma. En consecuencia, será preciso cambiar la forma.
¿Fuerza Inevitable de la Naturaleza?
A los defensores de la globalización les encanta describirla
como un hecho consumado, resultado de fuerzas económicas
y tecnológicas que, sencillamente, han evolucionado a través
de los siglos hasta llegar a su forma actual. La describen como
una fuerza de la naturaleza incontrolable, no dirigida. Por supuesto,
si aceptamos esta descripción de la inevitabilidad de la
globalización - como muchos de los medios de comunicación,
los gobiernos y las universidades tienden a hacerlo - es obvio
que no habrá ninguna posibilidad de resistencia. Sólo
tendríamos una opción, quedarnos allí tendidos,
viendo televisión, y someternos. O si no, tratar de sacar
provecho de este proceso de algún modo, para nuestros propios
fines. Ya debería ser evidente que tal pasividad resulta
inaceptable para muchísima gente, a juzgar por las recientes
protestas ocurridas en Genova, los 50.000 manifestantes de Seattle,
las demostraciones realizadas por un millón de campesinos
en la India, y las diversas protestas realizadas en Japón,
Brasil, México, Inglaterra, las Filipinas y hasta en Nueva
Zelanda. Mucha gente está realmente preocupada con este
proceso. Es verdad que la actividad de comercio global, y conceptos
como "libre comercio" han existido ya por siglos en
distintas formas. Pero las versiones más tempranas eran
totalmente diferentes de la versión moderna en cuanto a
escala, velocidad, forma, impacto y, lo que es aún más
importante, en la intención. En definitiva, la versión
moderna de la globalización económica no evolucionó
simplemente, como en la naturaleza, como algún tipo de
planta o alguna especie animal naturalmente dominante, una enredadera
Kudzu económica. La globalización moderna no es
un accidente de la evolución. Fue creada por seres humanos,
y con una meta específica: Dar primacía a los valores
corporativos por sobre todos los otros valores, e instalar y codificar
agresivamente tales valores en forma global. De hecho, la era
de la globalización moderna tiene una fecha de nacimiento
y un lugar de nacimiento : Bretton Woods, New Hampshire, Julio
de 1944. Eso ocurrió cuando las figuras corporativas más
connotadas del mundo, economistas, políticos y banqueros
se reunieron para buscar una forma de mitigar la devastación
producida por la Segunda Guerra Mundial. Decidieron que se requería
un sistema económico global centralizado para promover
el desarrollo económico global. Pensaron que así
se dejarían atrás las guerras y se ayudaría
a los pobres y al proceso de reconstrucción.
De las reuniones de Bretton Woods surgieron el Banco Mundial,
el FMI (Fondo Monetario Internacional) (con otros nombres en esos
tiempos) y luego el GATT (Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio)
que más adelante dio origen a la WTO (Organización
Mundial del Comercio); y, en seguida, los clones del modelo incluyeron
al NAFTA, el Acuerdo de Maastricht en Europa, la naciente FTAA
("Area de Libre Comercio del Acuerdo de las Américas"),
y varios otros. Todos estos instrumentos de globalización
económica, en conjunto, han estado cumpliendo con su mandato,
que posiblemente traerá consigo el re-planteamiento más
fundamental de las disposiciones sociales, económicas y
políticas existentes en el planeta, al menos desde los
tiempos de la Revolución Industrial. Están implementando
un cambio de poderes de enormes proporciones, arrebatando el verdadero
poder económico y político a los gobiernos nacionales,
estatales y locales y a las comunidades, que conduce hacia un
nuevo modelo que da gran poder a las corporaciones globales, los
bancos y las burocracias globales que ayudaron a crear, aunque
con graves consecuencias para la soberanía nacional, el
control comunitario, la democracia, las culturas indígenas
y, hoy día sobre todo, para el mundo natural. El punto
crucial que debemos tener en cuenta es que este proceso, esas
instituciones, y las reglas por las cuales se rigen, han sido
creadas "a propósito" por seres humanos, corporaciones
y banqueros; tienen formas específicas, destinadas a obtener
resultados específicos. NO ES UN ACCIDENTE. NO ERA INEVITABLE....
Y aún se puede revertir o revisar, aunque sea con dificultades...
A veces, a los que estamos en el movimiento de anti-globalización,
se nos tilda de utopistas. Después de todo, queremos parar
el supuesto e inevitable "progreso" del capitalismo
corporativo. Pero sobre esta acusación de utopismo, nuestros
críticos están atrasados con las noticias.
Si hay un utopismo hoy día, es el utopismo corporativo.
Seguir argumentando que un sistema que homogeniza la actividad
económica y la cultura global para beneficiar a las corporaciones,
que arrebata el poder a las comunidades y se lo da a las burocracias
globales, que marginaliza y deja sin casa a millones de campesinos
y trabajadores y que devasta a la naturaleza de un modo sin precedentes
e insistir que tal sistema puede sobrevivir mucho tiempo es puro
utopismo corporativo... Realmente, no creo sea posible que funcione...
Jerry
Mander |